Internet bajo ataque, una vez más

Anonimato en Internet, en vías de extinción.

Anonimato en Internet, en vías de extinción.

 

Dos legisladores provinciales del Chaco, que responden al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, propusieron una ley que obligue a los usuarios que comentan en sitios web a identificarse con su nombre real, DNI y domicilio. De aprobarse la medida regirá para los portales cuyo dominio figure registrado en esa provincia. De esta manera, los legisladores peronistas pretenden otorgarle al gobierno una herramienta para controlar quién y qué comentan los chaqueños, o cualquiera que busque dejar su opinión en algún sitio registrado con domicilio en el Chaco.

En un país en el cual que es necesario mostrar el DNI hasta para hacer una pequeña transacción bancaria o pagar con tarjeta de crédito, la medida no es tan sorprendente.

Esta iniciativa, que deberá enfrentar mucha resistencia para prosperar, trae reminiscencias a una resolución aprobada por la Legislatura de Entre Ríos que buscaba otorgarle al gobierno el poder de intervenir y bloquear el acceso a las redes sociales. En ese entonces se estaban produciendo saqueos en todo el país y Entre Ríos no era la excepción. Fue el ministro de Cultura y Comunicación de la provincia, Pedro Baez, quien creyó que la medida ayudaría aplacar la situación en la provincia. La relevancia nacional que tomó la noticia, junto a la presión efectuada desde las redes sociales, llevaron al ministro Baez a sugerirle al gobernador que vete esa resolución. La norma nunca llegó a estar vigente.

El anonimato es un factor fundamental de la cultura de Internet y la libertad de expresión. Si bien después de las revelaciones de Edward Snowden sobre el programa mundial de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense la única certeza que tenemos sobre la privacidad es que ese concepto ya no existe, la necesidad de dificultar la facilidad con la que los gobiernos puedan entrometerse en aspectos privados de las personas es de vital importancia.

Durante gran parte de mi vida online participé en foros y blogs bajo distintos seudónimos y heterónimos. Esta situación me permitía mantener separada mi identidad online y mi identidad IRL (in real life). Como sabemos, toda nuestra actividad en Internet puede quedar documentada en buscadores que indexan la información y van generando un archivo perpetuo sobre los usos que le damos a la web. A los 14, 15, o 17 años no me parecía una buena idea que mi nombre quedara asociado a actividades o ideas que sostenía durante mi adolescencia y que hoy, son parte de mi pasado. La idea resultó, rasatrear mi vida online anterior al 2010 es casi una misión imposible, nadie sabrá si en mi juventud fui un militante neo-nazi o un escritor sobre loros y gaviotas (para los curiosos, no fui ninguna de las dos).

Los críticos del uso de seudónimos sostienen que poder esconderse detrás de un nickname le otorga a los comentaristas un halo de impunidad. Es el caso de los famosos trolls–una de las especies más detestables del mundo online– especializados en generar irritación en los demás comentaristas y provocar caos en los foro de discusión mediante la publicación de comentarios ofensivos, incendiarios o que promueven la discusión con malos argumentos.

Pero el pseudonimato también puede promover un debate de mayor calidad. Por ejemplo, desconocer cualquier tipo de dato de nuestros interlocutores, como su nombre, sexo, religión, o etnia, colabora con un debate más objetivo, libre de prejuicios. Además, la posibilidad ocultar nuestra identidad garantiza poder ofrecer una opinión con mayor libertad, realizar denuncias a entidades más poderosas que uno, evitar eventuales represalias del gobierno por una opinión disidente, etc.

Hoy la idea del anonimato en Internet es una ilusión. Los legisladores chaqueños con su iniciativa simplemente facilitarán la tarea para aquellos que busquen dar con las identidades reales de comentaristas online. La idea no es nueva. Sin necesidad de una ley, y por motivos similares a la legislación impulsada en el Chaco, el diario argentino La Nación requería enviar un fax con una copia del DNI al diario para ser habilitado a comentar. Pocos se registraron, y rápidamente dejaron de lado este requisito que la gente consideraba demasiado invasivo. Imaginemos la reacción si ya no es un diario sino el gobierno el que impone este requisito.

Los gobiernos avanzan

Los gobiernos siguen buscando la forma de avanzar sobre Internet. En Brasil, el recientemente aprobado Marco Civil da Internet, promovido por el gobierno de Dilma Rousseff es visto por los activistas de la web como un desarrollo positivo para proteger los derechos en Internet. Su artículo más polémico, el número 16, denunciado por el Movimiento Mega, un movimiento brasileño enfocado en las políticas culturales, obligaba a los proveedores de Internet a almacenar los registros de la actividad online de los usuarios por el plazo de 5 años. Finalmente, los datos deberán ser resguardados durante 6 meses.

Pese a las repercusiones positivas de la “Constitución brasileña de Internet” las implicancias y perspectivas de una legislación sobre la red no pueden ser auspiciosas. La regulación sobre Internet, y no de delitos que cometan las personas mientras la utilizan, por más benevolente que pretenda ser siempre despierta dudas. Abre la puertas a la intervención gubernamental en un sector que antes no se encontraba intervenido. La legislación, hoy vista con buenos ojos, podrá ser –y en algún momento será– modificada habilitando la restricción de libertades y derechos que antes se encontraban fuera de peligro.

La iniciativa brasileña pasa a ser el inicio de una tendencia regional. En nuestro país, la agencia oficial de noticias Telam anunció la creación de la Comisión Argentina de Políticas de Internet, “que funcionará en el ámbito de la Secretaría de Comunicaciones y elaborará un Reglamento de Funcionamiento Interno a fin de articular la participación de los distintos actores y diseñar una estrategia nacional sobre Internet y su gobernanza”. ¿Qué sucedió para que de repente sea necesario dictaminar un “Reglamento de Funcionamiento Interno” para Internet, que funciona muy bien sin él? Podemos sospechar que se trata de un nuevo avance del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner sobre la libertad de expresión, esta vez online, uno de los pocos aspectos que había dejado sin regular la controvertida Ley de Medios sancionada en el 2009.

Solo Internet salvará a Internet

Más allá de la legislación vigente y de los programas de espionaje que acechan nuestra privacidad, la preocupación por buscar una Internet libre de intrusión gubernamental fue y es una de las principales prioridades de los ciberactivistas. Frente al avance del Estado, han surgido diversas herramientas que permiten preservar la privacidad que se ha visto tan afectada en estos últimos tiempos. Estas aplicaciones buscan dejar el menor rastro posible de las actividades online.

La red Tor es una de ellas. Tor es más conocida como el portal de acceso a la deep web, o Internet oculta, un grupo de sitios web difíciles de localizar y únicamente accesibles a través de la navegación anónima. Sin embargo, una de sus principales características es que las actividades desarrolladas con este navegador son casi secretas, haciendo muy difícil su rastreo.

Otro de los casos paradigmáticos es el de Bitcoin, la moneda virtual fue creada como respuesta al monopolio que mantienen los gobiernos sobre la emisión monetaria, pero esa no es su única ventaja. Su carácter totalmente anónimo permite llevar a cabo transacciones comerciales sin que puedan ser rastreados el origen ni el destino de los fondos. Para algunos, una herramienta que puede devolverle privacidad a la vida comercial, para otros la panacea para el lavado de dinero producto del narcotráfico, terrorismo y otras actividades ilegales.

En el campo de los buscadores la utilización de DuckDuckGo es una alternativa a Google o Bing. Se presenta como “el buscador que no te rastrea” y en sus políticas de privacidad aclara que, a diferencia de otros buscadores, no recolectan información personal. Una opción para los usuarios que no tienen nada que ocultar, pero tampoco desean que su vida virtual quede archivada en servidores lejos de su control.

Mientras los gobiernos siguen pensando como aumentar el control sobre Internet, los hackers ya están desarrollando aplicaciones y sistemas para eludir los controles y defender sus derechos online. No será el activismo político offline, ni los congresos o convenciones que realicen declamaciones sobre la libertad en Internet los que la resguarden del avance del Gran Hermano. El operativo para una Internet libre ya está en marcha, son líneas de código, programas, y protocolos pensados para saltar cada valla y cada muro. Es que los políticos parecen no haberse enterado de una cosa: en el mundo virtual no hay muro de Berlín que valga.

 

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