“El arroz me constipa un poco”, la eterna confusión de los políticos

El jueves por la mañana Belén Marty hacía una compilación sobre las declaraciones insólitas de los presidentes latinoamericanos. Entre ellas se encontraban algunas frases que pasarán a la historia, como la de Evo Morales, presidente de Bolivia, en la que afirmaba que la ingesta de pollos engordados con hormonas generaba “desviaciones sexuales”.  El viernes, menos de 24 horas después de aquél post, Cristina Kirchner logró dejarlo desactualizado. “Me encanta el arroz, aunque me constipa un poco”, dijo el viernes, mientras aunciaba un “convenio en las cadenas de producción”, un eufemismo de los acuerdos corporativistas con los que suele beneficiar a los empresarios argentinos amantes de las prebendas:

En su programa radial, Jorge Lanata, señaló que esas declaraciones daban cuenta de la confusión de la presidenta de lo que es la esfera pública y su vida privada.

Lanata acertó con su comentario, sin embargo, no era necesario escuchar como CFK ventilaba sus intimidades para saber que confundía la vida pública con la privada. Sus confusiones son constantes. Las políticas de Cristina Kirchner confunden constantemente lo  público y privado. En el mismo sentido, el mes pasado, durante una transmisión por cadena nacional, dijo que se sentía la madre de todo el país y de los 40 millones de argentinos.

Las políticas de Cristina Kirchner siempre confunden lo público y lo privado. Por ejemplo, con el cepo cambiario, pretende imponer cuál debe ser la moneda en la que los argentinos tienen que ahorrar, la Ley de Medios, establece los contenidos que los canales de TV deben transmitir, las políticas comerciales proteccionistas, dictaminan con quienes podemos comerciar y con quienes no o en el mejor de los casos el precio de la extorsión que hay que pagar. Otros organismos, como la AFIP están dedicados a hurgar en la vida privada de las personas, a pesar de que a su titular Ricardo Echegaray le moleste que se metan en su vida privada.

Los gobiernos desde hace tiempo han eliminado cualquier límite entre lo público y lo privado. Su función fundamental para los que fueron creados, es decir la provisión de seguridad y justicia, ha sido reemplazada por la interferencia en todos los aspectos de la vida de la gente.

Alguna vez a los políticos se los consideraba “mandatarios” de la gente que los votaba, ellos eran los que estaban subordinados a los demás. Ahora está claro que los ciudadanos hemos pasado a ser súbditos, los servidores de los políticos que todos los días confunden lo público y lo privado.

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