La trama detrás de la muerte del fiscal que acusó a Kirchner

Artículo publicado originalmente en PanAm Post el 19 de enero de 2015.

An English version of this article is available.

“Yo puedo salir muerto de esto”, afirmó hace algunos días al diario Clarín el fiscal especial Alberto Nisman a cargo de la investigación del atentado de 1994 contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), un centro comunitario judío ubicado en la ciudad de Buenos Aires. Y este domingo por la noche el fiscal fue encontrado muerto.

La niebla de guerra aún no se ha disipado. Las circunstancias de su muerte son confusas. En un primer momento, cuando la información aún era incierta, las hipótesis apuntaban a un suicidio. Por lo menos, eso indicaba la escena en el baño del departamento del fiscal en un lujoso edificio en el barrio porteño de Puerto Madero.

“Todos los crímenes mafiosos se dibujan de suicidio”, insinuó la diputada Patricia Bullrich, una de las organizadoras de la audiencia en el Congreso a la que debía asistir Nisman para exhibir las pruebas y los alcances de una denuncia que alcanza a los niveles más altos del poder político.

Para Nisman, la presidente argentina, Cristina Kirchner, junto con otros funcionarios, son responsables de “decidir, negociar y organizar la impunidad de los prófugos iraníes en la causa AMIA con el propósito de fabricar la inocencia de Irán” —país que de acuerdo con la investigación de Nisman, orquestó el ataque contra la AMIA.

El filósofo y escritor Gustavo D. Perednik, autor del libro Matar sin que se note, una crónica novelada sobre la investigación del atentado, declaró a PanAm Post que detrás del presunto encubrimiento por parte del Gobierno argentino hay “una combinación de chavismo e intereses económicos”.

“Chavismo, porque miran la geopolítica mundial con el ojo anacrónico de ‘enfrentamiento al imperialismo’. E intereses, porque Irán es un cliente invalorable y quieren reforzarlo”, señaló Perednik.

En 2013, ante la falta de colaboración de los funcionarios iraníes acusados por Nisman como responsables del atentado terrorista de 1994 y la creciente relación comerciales entre Irán y Argentina (entre 2005 y 2011 el intercambio comercial aumentó más de un 1000%) la presidente impulsó un memorando de entendimiento para crear una “Comisión de la Verdad” y relanzar las relaciones diplomáticas.

En mayo de 2014, una corte de apelaciones declaró inconstitucional esa iniciativa.

La acusación y la Secretaría de Inteligencia

La grave acusación que lanzó Nisman la pasada semana despertó reacciones entre el oficialismo y la oposición. En sintonía, el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, y el juez a cargo de la causa por el atentado contra la AMIA, vincularon la poderosa denuncia con los servicios de Inteligencia.

Fernández consideró que Nisman “está respondiendo a otras estructuras que al propio poder jurisdiccional.

“Pareciera que la designación de Oscar Parrilli al frente de la Secretaría de Inteligencia (SI) conlleva a personajes que formaron parte estas estructuras tangencialmente, por lo menos como el fiscal Nisman, a tirar manotazos de ahogados”, afirmó.

La tesis fue refrendada por Sergio Burstein, integrante cercano al kirchnerismo de uno de los grupos de víctimas y familiares del atentado. “Esto es una operación vergonzosa de quien llevó adelante la investigación que Nisman puso en sus escritos: Jaime Stiusso”, dijo.

Jaime Stiusso es el alias del exjefe de Contrainteligencia. Hasta diciembre pasado, cuando la presidenta Kirchner introdujo cambios en la cúpula de la SI, Stiusso era el agente más poderoso del organismo. Pero con el ingreso de Oscar Parrilli, se pidió la renuncia a Stiusso y, tras 43 años de servicio, su carrera de espía llegó al final.

Canicoba Corral, el juez a cargo del caso declaró también: “Me parece que sucedió algo, que es que terminó conduciendo Stiusso la investigación y no al revés”.

La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) –como era conocida la SI hasta 2001— tuvo un papel fundamental en sabotear y desviar la investigación por el ataque terrorista.

Quizás el hecho más destacado fue el pago de USD$400.000 que ordenó el juez Juan José Galeano, a cargo de la causa AMIA, y Hugo Anzorreguy, entonces titular de la SIDE, para que Carlos Telleldín, uno de los imputados en el juicio, modificara su testimonio e involucrara en él a policías de la provincia de Buenos Aires.

El expresidente Carlos Menem (1989-1999), junto con Anzorreguy y otros funcionarios, fueron imputados por el juez Ariel Lijo por su responsabilidad en el presunto encubrimiento. Menem habría instado al juez a abandonar la investigación de la “pista siria”, una de las líneas de investigación que involucraba a un empresario de origen sirio vinculado con la familia Menem, quien también proviene de ese país.

Según afirma el diario Clarin, el fallecido expresidente Néstor Kirchner (2003-2007) le habría impuesto a Nisman que trabajara junto con Stiusso cuando el fiscal fue designado en 2004 al frente de la investigación por el atentado. Nisman lo negó: “A mí no me manejó ni Stiusso ni nadie. Las decisiones las tomo yo y son exclusivamente mías. Se ha creado un mito alrededor de esta persona”.

Pese al secretismo que reina en torno a las actividades de la SI, la muerte de un espía en julio de 2014 sacó a la luz una lucha interna que se vive dentro en la organización. La muerte de Pedro Viale, alias el Lauchon, quien fue acribillado por un grupo de élite de la policía de la provincia de Buenos Aires en un extraño operativo policial, destapó el feroz conflicto interno. El Lauchón era el hombre de máxima confianza de Stiuso.

Que parezca un suicidio

El cuerpo del fiscal Nisman aún está fresco, y con el correr de los días probablemente se conozcan los detalles que rodearon a su muerte. Sin embargo, e ingresando en el peligroso terreno de las conjeturas, los elementos que se dieron a conocer hasta el momento sugieren un presunto suicidio.

La puerta del departamento del fiscal estaba cerrada, con las llaves ubicadas del lado de adentro. Su cuerpo yacía en el baño y junto a él, el casquillo de una bala y una pequeña arma de calibre 22. Frente a estos indicios, la idea del suicidio es imposible descartarla. No obstante, ante este escenario, la pregunta obligada es: ¿Nisman se suicidó o fue suicidado?

El fiscal reconoció en reiteradas oportunidades que era objeto de amenazas. Su protección estaba a cargo de la Policía Federal, también presuntamente involucrada en el encubrimiento que se llevó adelante durante los años de Menem. El zorro estaba libre en el gallinero.

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