Edward Snowden: Cuando la ley y la moral toman caminos diferentes

El responsable de revelar el programa de vigilancia masiva llevado adelante por la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Edward Snowden, junto con el periodista Glenn Greenwald y la cineasta y periodista Laura Poitras participaron de la sección Ask Me Anything en reddit el pasado lunes 23 de febrero.

El usuario mansondog13 les preguntó cómo hacer para que la vigilancia masiva sea uno de los temas principales en las próximas elecciones estadounidenses programadas para 2016.

Esto contestó Snowden:

Esta es una buena pregunta, y aquí van algunas respuestas tradicionales. Organizarse es importante. El activismo es importante.

Al mismo tiempo, debemos recordar que los Gobiernos no se reforman a sí mismos. Uno de los argumentos en un libro que leí recientemente (Bruce Schneier, Data and Goliath) es que el cumplimiento perfecto de la ley suena como algo bueno, pero no siempre es el caso. El final de crimen suena bastante convincente, ¿No? ¿Entonces cómo puede ser?

Bueno, cuando miramos la historia podemos ver que el progreso de la civilización Occidental y los derechos humanos están realmente basados en la violación de la ley. Estados Unidos por supuesto nació de una revolución violenta que fue una descarada traición a la corona y al orden establecido de aquellos días. La historia muestra que la corrección de errores históricos frecuentemente surge de actos de criminalidad impenitentes. La esclavitud. La protección de los judíos perseguidos.

Pero incluso en temas menos extremos podemos encontrar ejemplos similares. ¿Qué tal la prohibición del alcohol? ¿El matrimonio gay? ¿La marihuana?

¿Dónde estaríamos ahora si el Gobierno, disfrutando los poderes de la vigilancia y cumplimiento perfectos, hubiese —totalmente dentro de la ley— detenido, encarcelado y avergonzado a todos los infractores de la ley?

En última instancia, si la gente pierde su voluntad para reconocer que hay tiempos en nuestra historia cuando lo legal y lo moral son cuestiones diferentes, no solo estaremos cediendo nuestros el control de nuestros derechos a un Gobierno, sino que también nuestra capacidad para determinar nuestro futuro.

¿Cómo se relaciona con la política? Bueno, yo sospecho que los Gobiernos hoy están más preocupados por la pérdida de su capacidad para controlar y regular el comportamiento de sus ciudadanos que con el descontento de ellos.

¿Cómo podemos convertir esto en una ventaja para nosotros? Podemos idear medios, mediante la aplicación y sofisticación de la ciencia, para recordarle a los Gobiernos que si no son responsables en la custodia de nuestros derechos, nosotros el pueblo implementaremos los sistemas que garanticen los medios para no solo defender nuestros derechos, sino también eliminar la capacidad de los Gobiernos para interferir con esos derechos.

Pueden ver los comienzos de esa dinámica hoy en las declaraciones de funcionarios gubernamentales quejándose sobre la adopción de [sistemas] encriptados que están llevando adelante los principales proveedores de tecnología. La idea aquí no es lanzarnos hacia la anarquía y eliminar el Gobierno, sino recordarle al Gobierno que siempre debe haber un equilibrio de poder entre los gobernantes y los gobernados, y que a medida que progresa la ciencia empodera a comunidades e individuos, habrá más y más áreas de nuestros vidas donde —si el Gobierno insiste con su comportamiento deplorable y un cruel desprecio por el ciudadano— podemos encontrar maneras de reducir o eliminar sus poderes sobre un nuevo —y permanente— fundamento.

Nuestros derechos no son garantizados por los Gobiernos. Son inherentes a nuestra naturaleza. Pero es todo lo contrario para los Gobiernos: sus privilegios son exactamente iguales a los que sufrimos para que disfruten.

No hemos tenido que pensar sobre eso mucho en las últimas décadas porque la calidad de vida ha estado aumentando en casi todos los aspectos de una manera significativa, y eso ha llevado a una cómoda complacencia. Pero ahora y antes, a lo largo de la historia, nos cruzamos con períodos donde los Gobiernos piensan más sobre “poder” hacer que sobre lo que “deberían” hacer, y lo que es legal es cada vez más distinto de lo que es moral.

En esos tiempos, debemos recordar que al final del día la ley no nos defiende; nosotros defendemos la ley. Y cuando eso se convierte en lo contrario a nuestra moral, tenemos tanto el derecho como la responsabilidad de reequilibrarlo hacia fines justos.

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