“Me gusta el arte”: el video que nos recuerda sobre la libertad en internet

Artículo publicado originalmente en PanAm Post el 15 de octubre de 2015.

An English version of this article is available.

Durante meses era imposible en Buenos Aires mantener una conversación sin que alguien haga una referencia a Juan Sánchez. “Me gusta el arte“. “No lo sé, todavía no soy grande, voy a esperar”. En 2014, Juan protagonizó una de esas notas de color que suelen publicar los noticieros en épocas de vacaciones. Un año más tarde, el peculiar timbre de su voz y la manera de expresarse —más parecida a la de un adulto que a la de un niño— lo catapultaron hacia una fama no correspondida. El video —y las docenas de parodias que surgieron— suman en conjunto millones de visitas. Y ahora puede sentar un precedente peligroso para la libertad de expresión en Argentina.

El miércoles por la tarde, la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires —por un pedido de la familia de Sánchez— solicitó  a YouTube remover todos los videos relacionados con aquella entrevista. Horas más tarde la compañía cumplió con el pedido y bloqueó el acceso a cualquiera de esos videos desde Argentina. “Este contenido no se encuentra disponible en el dominio de este país debido a un reclamo legal del Gobierno. Lo sentimos”, aparece en el lugar donde se debía reproducir el video.

Según el organismo, la publicación del video “afecta su intimidad, imagen, dignidad y honor, por los cuales padece un sistemático hostigamiento a través de las redes sociales”.

“El hecho por el cual el joven sufre —desde hace meses— hostigamiento a través del amplio abanico de redes sociales, se dio luego de una nota televisiva donde el adolescente aparece y habla ocasionalmente y que disparó a cientos de personas a ridiculizarlo en videos, imágenes, graffitis y hasta imprimir merchandising con su cara”, afirma el comunicado emitido por la Defensoría.

En el comunicado, además, aclaran que “aunque el daño ya fue causado y el sufrimiento del adolescente no se puede reparar”, la manera en que la web representa a este niño “ejerce un profundo impacto a nivel social y personal”.

Derecho a forzar a que los demás olviden

La remoción del video se apoya en el llamado “derecho al olvido“, la idea de que uno puede solicitarle a los buscadores que no incluyan enlaces a sitios web con información que preferirían que no esté al alcance de un click. En realidad no estamos ante el “derecho al olvido”, más bien es el derecho a forzarle a los demás que olviden algo. Borrar el pasado, como en la novela 1984.

El derecho al olvido es inoperante. Una persona no es dueña de su honor, imagen o reputación; estos son construcciones abstractas que hacen los demás sobre uno. Mi reputación e imagen no es mía, sino que la conforman la suma de opiniones que tienen los demás sobre mí. Entonces, ¿si la reputación no es mía, que derechos puedo tener sobre ella? Son cuestiones fuera del control de uno.

El control sobre la reputación e imagen propia está fuera de nuestro alcance, es inevitable. No es difícil darse cuenta de ello, todos vamos construyendo en forma constante en nuestras cabezas la imagen y reputación de los demás. El temor es a que la gente revele esas opiniones —siempre que sean negativas— y ni hablar si son publicadas en internet y pasan a a la posterioridad.

Por eso la Defensoría también se equivoca al afirmar que el daño lo causa “la manera en que la web representa a este niño”. No se trató de una cámara oculta, ni una campaña de desprestigio, era solo Juan siendo Juan. El video era inofensivo, el daño, en todo caso, lo causó la reacción en las redes sociales, las parodias, los memes, y todo el material que surgió en torno al video.

Estamos ante un supuesto derecho que, para implementarlo, es necesario limitar la libertad de expresión. Tu prestigio es mi opinión. Mientras tanto, la legislación priva a millones de conocer (o de acceder con facilidad) a una parte del pasado al privilegiar el deseo de un individuo que prefiere que la gente no tenga acceso a esa información.

En el caso de Juan Sánchez, son sus padres quienes deberían haber velado por la integridad de su hijo y asesorarlo sobre su aparición en televisión. Es verdad, nadie podía saber que se iba a convertir en semejante fenómeno, pero la vida a veces nos juega una mala pasada. Y al final, no todo salió tan mal para Juan, quien tuvo la oportunidad de encontrarse con el dibujante Liniers, que en la entrevista viralizada lo menciona como uno de sus favoritos, además de leer comentarios destacando su educación y amabilidad.

Google indica que remueve contenidos “inadecuados, irrelevantes o ya no relevantes, o excesivos”. Otra vez ante el mismo problema, lo que no es relevante para uno puede serlo para los demás. A la hora de escudriñar un potencial empleado, un socio comercial, un candidato político o a un médico de cabecera los buscadores proveen una herramienta fundamental para formarnos una primera imagen de esa persona.

Mientras los legisladores esperan la creación de Lacuna Inc., la compañía que brindaba el servicio de borrado de recuerdos en la película Eternal Sunshine of the Spotless Mind, podrían ir pensando en una ley para que la gente piense dos veces antes de hacer algo, quizás así no sea tan necesario reclamar por un “derecho al olvido”.

 

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