educación

“La educación prohibida”: El lado oscuro de la escuela tradicional

Publicado originalmente en PanAm Post el 17 de septiembre de 2014.

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Si realizáramos una encuesta acerca del papel de la educación entre toda la población de un país, sin dudas una abrumadora mayoría la consideraría de suma importancia.

Tanto Gobiernos como organizaciones de la sociedad civil destacan de manera constante el papel fundamental que juega la educación en el desarrollo de una sociedad; diseñan políticas educativas y pedagógicas; asignan o reclaman partidas presupuestarias destinadas a la escuelas; y promueven programas que combatan la deserción escolar y las bajas calificaciones. Sin embargo, todas estas tareas suelen estar más relacionadas con la escolarización que con el proceso de aprendizaje en sí.

La educación oficial

La primera parte del documental independiente “La educación prohibida“, producido en Argentina y filmado en distintos puntos de Iberoamérica, se enfoca en la historia del sistema escolar actual, los conceptos que lo respaldan, y su efecto en los niños que acuden a las escuelas para aprender, pero que se encuentran en muchas ocasiones con algo completamente opuesto.

Desde sus orígenes a finales del siglo XVIII, el modelo de escuela estuvo basado en la necesidad de “un pueblo obediente, dócil y preparado para la guerra”, como explica Rafael González Heck del alternativo Colegio Rudolf Steiner en Chile.

No es casualidad que el sistema de escolarización tal cual lo conocemos hoy haya sido concebido en Prusia, aquel imperio que Friedrich von Schrötter, un ministro prusiano, recordaba que no era “un país con un ejército sino un ejército con un país”.

La evolución de las escuelas tradicionales en los últimos 200 años fue insignificante. Los test estandarizados, clases obligatorias, sistemas de calificaciones obsoletos, currículos desvinculados en la realidad, y la estructura verticalista, son algunas de las características que conforman el paradigma vigente por más de dos siglos.

Mientras el progreso económico y los avances tecnológicos nos brindan una calidad de vida impensable tan sólo algunas décadas atrás, las escuelas del siglo XXI son una fotografía de tiempos pasados. En el mismo período que pasamos de escuchar música en pesados fonógrafos a escucharla en reproductores de MP3 portátiles, las aulas han permanecido casi intactas.

En torno a la negación del individuo como un ser único e irrepetible, con sus propias inquietudes y motivaciones, las escuelas desarrollan un programa que promueve el conformismo y la uniformidad, reprimiendo cualquier posibilidad de pensamiento crítico.

Parafraseando a Henry Ford, todos pueden elegir la educación que deseen recibir, siempre y cuando se trate de la educación oficial. En la opinión de varios de los educadores participantes de la película, las estructuras rígidas, centralizadas, y de tinte autoritario conspiran contra el desarrollo educativo de los niños. Es por eso que sostienen que la educación está prohibida.

Educación más allá del Estado

En la segunda parte, a partir de entrevistas con varias decenas de educadores provenientes de diversos países latinoamericanos y de España, se presentan aproximaciones alternativas a la escolarización estatal —ya sea que estemos hablando de escuelas de gestión privada o públicas.

Allí hacen hincapié, aunque sin profundizar, en enfoques pedagógicos alternativos. Todas ellas se basan en otorgarle una mayor independencia a los alumnos.

“La vida está llena de opciones, y hay que aprender a tomarlas”, señala Vicky Colbert de la Fundación Nueva Escuela de Chile, “por eso, la organización de todo el material educativo lleva a que todos los niños puedan tomar decisiones”.

La experimentación es otro eje que atraviesa a las propuestas pedagógicas alternativas, prohibidas en muchos países por no adecuarse a los criterios definidos por las autoridades.

En contraposición al aula tradicional, donde los alumnos sentados en incómodas sillas intentan memorizar los contenidos impartidos por un profesor con el único objetivo de aprobar el examen final, las escuelas alternativas le ofrecen a cada educando la posibilidad de construir sus propios procesos de aprendizajes. El ámbito en el que se desarrolla la actividad carece de rigidez, sin pupitres alineados, las herramientas están a libre disposición según los gustos y los intereses del momento de cada chico. La espontaneidad es la protagonista.

El documental busca dar a conocer modelos educativos que han sido opacados por las legislaciones que promueven un modelo obsoleto, y lo logra, aunque con cierto desorden.

Las diferencias entre los distintos abordajes y los fundamentos detrás de cada teoría quedan poco claros. Frente a una propuesta de una educación radicalmente opuesta a la conocida, afirmaciones demasiado abstractas terminan reflejando una propuesta más al estilo hippie que una alternativa viable al sistema actual.

Falencias y ausencias

El gran ausente en “La educación prohibida” es la educación en el hogar. Los padres que deciden educar a sus hijos en sus casas son apenas mencionados a lo largo del film, a pesar de ser una metodología prohibida en numerosos países alrededor del planeta. Lo mismo sucede con la más radical educación sin escuela.

Para los extensos 145 minutos que dura el documental —que por momentos se torna reiterativo— haber podido escuchar a padres que han optado por esas metodologías hubiese sido enriquecedor.

La crítica hacia las jerarquías gubernamentales están omnipresentes, pero no así la visión del establishment educativo. El estado actual de la educación es representado a través de una historia ficticia que se desarrolla paralelamente a las entrevistas y explicaciones.

Los representantes son profesores y directores que gritan constantemente y no le permiten a los estudiantes manifestar sus disidencias en las escuelas, muchas veces cayendo en caricaturas. Aunque vale conceder: seguramente todos nos hemos con estos estereotipos en nuestro paso por el sistema escolar.

Tampoco se abordan alternativas que impulsarían una mayor diversidad en la educación como los sistemas de bonos escolares o créditos impositivos, una relativa mejora al statu quo.

A diferencia de muchos documentales independientes, “La educación prohibida” es prolija, está bien producida, y las animaciones que acompañan los desarrollos de los conceptos principales están a la altura de una producción de calidad.

Su mensaje, aunque con las falencias mencionadas anteriormente, llega al espectador y puede generar impacto en alguien extraño a las pedagogías alternativas.

El cuestionamiento constante a la autoridad estatal, a los sistemas centralizados, y a las estructuras que se imponen desde arriba hacia abajo, lo convierten en un documental de obligada difusión para todos aquellos que defienden una educación libre.

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El monopolio educativo

Publicado originalmente en Infobae.com el 29 de diciembre de 2012.

Uno de los temas que predominó en este 2012 que llega a su fin fue el desembarco de La Cámpora en los colegios de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, o al menos la cobertura periodística de estos programas llevados adelante por la agrupación que lidera el hijo de Cristina Fernández, Máximo K.

Rápidamente, estas actividades fueron calificadas como “adoctrinamiento kirchnerista” y repudiadas por gran parte de la oposición. Es que el desembarco de una agrupación política partidaria, que cuenta con todo el apoyo del aparato estatal y cuyos miembros se pudieron adaptar rápidamente a su pertenencia a la clase política con suculentos salarios como directores de empresas estatales, directores en empresas que cotizan en bolsa y de las cuales el Estado es accionista (a través de las acciones que antes estaban en manos de las AFJP) o con distintos cargos públicos, es una clara muestra de la utilización política de los jóvenes realizada por una organización que podría ser fácilmente descripta como paraestatal.

Pero que el árbol no tape al bosque. La oposición ha podido identificar una herramienta tan burda de adoctrinamiento en este caso; sin embargo, nunca pudo todavía asimilar que el propio sistema educativo argentino es una gran máquina de adoctrinar, aunque esta vez no es La Cámpora sino el Ministerio de Educación de la Nación quien tiene a cargo esta tarea.

De esta manera, la oferta educativa existente es sumamente limitada. Aquellos que puedan financiarlo estarán en condiciones de ofrecerles a sus hijos un colegio con más prestaciones, actividades por fuera de la currícula oficial o directamente actividades extraescolares. Para los que tienen menos recursos, en cambio, este abanico de posibilidades se reduce drásticamente y con ellas la posibilidad de elección de los padres acerca de qué educación ofrecerles a sus hijos.

Dejemos un momento el ámbito educativo y supongamos que el mismo sistema que hoy se aplica en materia de contenidos educativos se comenzara a aplicar en las librerías. Todas las librerías estarían obligadas a ofrecer un conjunto de libros, determinado previamente por las autoridades nacionales, y, más allá de poder leer otros libros, sería obligatorio leer ese conjunto de libros. ¿No es al final esto otra forma de adoctrinamiento?

El sistema educativo sigue funcionando bajo la vieja premisa que utilizó Henry Ford para referirse a los colores de los autos que fabricaba: “Podrá elegir el color que quiera, siempre y cuando quiera el negro”.  Para peor, las bases del sistema escolar público tal como lo conocemos son aún más perennes que la propia frase de Ford. Su origen se remonta al Estado militar prusiano que tenía dos objetivos claros: formar soldados y formar obreros de fábrica.

La idea de ampliar las alternativas educativas es una cuestión que no ha sido un tema de discusión en los últimos años; sin embargo, su aplicación tendría consecuencias positivas especialmente para los niños, quienes podrían elegir una escuela acorde a las necesidades individuales de cada uno, y así poder desarrollar sus cualidades personales.

Como complemento, y para ampliar aún más las alternativas sin que esto implique una mayor asignación de recursos arbitraria por parte del Estado, la implementación de un sistema de cheques escolares que no condene a las familias de menores recursos a escuelas de menor calidad y, por el contrario, que les permita elegir a qué escuela destinar a sus hijos, mediante la utilización de estos vouchers, promovería una mayor competencia y una elevación de los estándares educativos.

Resulta difícil justificar que una etapa de la vida tan importante para el desarrollo, como es la formación inicial primaria y secundaria, dependa del contexto político y las decisiones que tomen quienes están circunstancialmente en el poder sobre qué orientación deben tener los contenidos impartidos en las escuelas. Tal vez haya llegado el momento de debatir cómo involucrar más a los padres en las decisiones sobre el futuro de sus hijos y un poco menos a los burócratas, que solo piensan en cómo aprovechar políticamente el inmenso poder que hoy ostentan.