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Individuo vs. Estado: La lucha de Edward Snowden

Artículo publicado originalmente en PanAm Post el 23 de febrero de 2015.

An English version of this article is available. 

Citizenfour cuenta la historia de un hombre muy peculiar, de esos que no abundan. Cuando Edward Snowden decidió revelarle al mundo las pruebas que confirmaban la existencia de un sistema de recolección de datos masivo llevado adelante por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, también decidió sacrificar la vida que llevaba hasta el momento.

Aunque Snowden minimiza su propia importancia para no opacar las filtraciones, su persona es fundamental para comprender el alcance de sus actos.

Cuando la documentalista Laura Poitras recibió la primer comunicación de Snowden, el entonces analista de la NSA de 29 años, contratado por la empresa Booz Allen —la relación entre el Gobierno y las empresas privadas será uno de los hilos conductores de la historia— estaba preparado para contribuir en la lucha “entre el poder estatal y la capacidad real de las personas de oponerse a ese peor”.

Poitras, al igual que el periodista Glenn Greenwald, fueron contactados por Snowden para ser los responsables de dar a conocer la información filtrada. “Te preguntaste por qué te elegí”, le escribió Snowden a Poitras en uno de sus primeros intercambios, “yo no lo hice. Tú lo hiciste”.

Poitras, quien el pasado domingo 22 de febrero recibió el premio Oscar al mejor documental por esta película, junto con Greenwald son conocidos por liderar las críticas contra el régimen de la seguridad nacional. Ambos se han caracterizado por rechazar el uso y abuso que el Gobierno de Estados Unidos ha hecho del concepto “terrorismo”, el cual prácticamente se ha convertido en la única justificación necesaria para impulsar una limitación de los derechos individuales.

Si bien Citizenfour se enfoca en algunas de las consecuencias de las revelaciones de Snowden, como los programas PRISM y TEMPORA, las actividades de espionaje de GCHQ, la contraparte británica de la NSA, la interceptación de comunicaciones de la canciller alemana Angela Merkel o de empresas brasileña, los gestos y acciones de Snowden son la pieza fundamental por la cual se destaca este film.

De analista de la NSA a informante perseguido

El documental nos permite acercarnos al hombre detrás de la filtración más importante de al menos las últimas décadas y entender el alcance de las tareas de vigilancia masiva que llevan adelante los países involucrados.

La exigencia de utilizar una computadora que nunca haya estado conectada a internet, la “manta mágica de poder” (una manta que utilizó para taparse mientras escribía una contraseña) para evitar la “recolección [de datos] visual”, el teléfono VoIP desconectado, o la preocupación ante un alarma de incendio que se dispara mientras Snowden está siendo entrevistado por los periodistas, ofrecen una muestra acerca del poder de penetración del Gobierno de Estados Unidos en la más absoluta privacidad de las personas.

El exanalista de la NSA pudo tomar todas esas medidas porque conocía lo que sucedía, al contrario de miles de millones de personas en todo el mundo que estaban siendo espiadas por la agencia de espionaje.

“¿Cómo podemos decir que el Gobierno… se basa en el consentimiento de los gobernados, si este consentimiento no es informado?” preguntó Snowden en la Conferencia Internacional de Estudiantes por la Libertad el pasado viernes 13 de febrero. Este punto es fundamental para Snowden: los Gobiernos son quienes deben obedecer y no quienes ordenan.

La reacción de gran parte de los políticos estadounidenses demuestra que el mundo en el que aspira vivir Snowden está lejos realizarse. En vez de criticar los programas de espionaje ilegales, quien los reveló se convirtió en un perseguido. Snowden debió huir de Hong Kong, asistido por un grupo de abogados de derechos humanos, y terminó recluido en Rusia con su pasaporte anulado por el Gobierno de EE.UU.

El filme representa a Snowden en su máxima expresión. No solo porque nos permite ver el proceso a través del cual el exanalista difundió información crucial para iniciar un debate en torno al sistema de vigilancia masiva hasta ese momento parcialmente desconocido, sino que además plantea la causa de Snowden en la eterna lucha del Estado contra el individuo.

Solo una persona fue necesaria para poner en jaque al Gobierno más poderoso del mundo.

Editado por Daniel Duarte.