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Uber se prepara para una difícil batalla en Buenos Aires

Artículo publicado originalmente en PanAm Post el 12 de enero de 2016.

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El desembarco de Uber en Buenos Aires es inminente. La compañía detrás de la aplicación que une pasajeros con conductores ha iniciado la búsqueda de cubrir varios puestos gerenciales en Argentina. Finalmente los habitantes de Buenos Aires podrán unirse a los de Bogotá, Rio de Janeiro, Santiago, y otras 15 ciudades en América Latina y más de 300 en todo el mundo.

Pero no será fácil. En todo el mundo Uber ha sido resistido por Gobiernos, sindicatos y taxistas al poner en riesgo el modelo monopólico del que han usufructuado durante décadas. Un servicio con mejores autos, tarifas más bajas, mayor seguridad y una atención personalizada es percibido como una amenaza por todos los privilegiados que se han beneficiado.

La llegada de Uber a Argentina presenta problemas adicionales. El modelo de negocios de la compañía con sede en San Francisco es una ataque directo al corazón de un sector que ha sido gobernado por el modelo fascista. Y en Argentina, donde el fascismo fue adoptado en 1946 y es aún celebrado, es mucho decir.

Los taxis son el mejor ejemplo de ese modelo fascista. Los dueños de los vehículos lo son en los papeles, pero no tienen ningún poder de decisión sobre ellos. El color del que están pintados, el horario de trabajo, las tarifas y el equipamiento son, todas, decisiones que toma el Gobierno. Y es el Gobierno el que decide quien puede trabajar otorgando licencias por las que cobra jugosas cantidades de dinero (una licencia de taxi puede costar US$25.000, más que el vehículo).

Los taxistas y el Gobierno odian la competencia y son especialistas en reprimir la posibilidad de elegir. Ya ocurrió en agosto del año pasado cuando una persona dedicada a revolver la basura y reciclar cartones para sobrevivir decidió comprarse una bicicleta y ofrecer el servicio de bicitaxi, por el cual cobraba una tarifa fija por 10 cuadras y luego un adicional por cuadra. Pese a que el público se benefició del servicio, las autoridades sacaron de circulación el bicitaxi por ser “ilegal”. Finalmente le permitieron continuar ofreciendo el servicio, pero sin poder cobrar una tarifa fija sino “a voluntad”.

EasyTaxi y SaferTaxi, dos compañías que permiten pedir taxis a través de una aplicación, también sintieron el rigor del Gobierno en carne propia. Esos servicios fueron prohibidos la semana pasada en Buenos Aires porque la ley solo contempla solicitar taxis por teléfono o pararlos en la vía pública. Una petición en Change.org para que no lo prohíban ya tiene más de 7.000 firmantes, y sigue creciendo.

El temor de los taxistas es comprensible. La irrupción de Uber a los taxis es lo mismo que fue la irrupción de los autos a las carretas, o de la electricidad y la lámpara eléctrica a los vendedores de velas. Los sindicatos que ven sus privilegios amenazados ya están en acción. Según un usuario de un foro en internet que reúne taxistas, la empresa que verifica y regula el funcionamiento de los taxis en Buenos Aires, Sacta, utilizaba EasyTaxi para solicitar viajes y multar a los choferes con 15 días de suspensión y 4.000 fichas, unos US$500.

Beneficios para todos, privilegios para pocos

Uber llega para romper un modelo que se asemeja más al de los gremios del medioevo que al de una economía de mercado. Las ventajas no solo se limitan a viajes más cómodos y baratos, sino que además permiten tomar taxis en zonas donde habitualmente no pasan, o los tiempos de espera para que llegue uno son interminables. Además, el pago con tarjeta de crédito reduce los riesgos que implica manejar efectivo, tanto para el conductor como el pasajero.

La revolución de Uber es tecnológica, pero también económica. Permite a los usuarios que se inscriben como conductores convertir sus bienes de consumo en bienes de capital. Los empodera, para utilizar una palabra que está bastante de moda. Uber, y servicios similares como Airbnb, permiten la creación de más capital productivo, y de más capitalistas, como señala el economista Don Boudreaux.

“Las intervenciones del Gobierno contra Uber”, continúa Boudreaux, “son, entonces, intervenciones que no solo apuntan a proteger el capital existente (y a los capitalistas establecidos), también son obstáculos a las fuerzas de mercado que mejoran el acceso de los consumidores a bienes y servicios”.

Así como el Gobierno anuló las posibilidades de un cartonero de convertirse en capitalista con su bicicleta, el Gobierno y los sindicatos eliminan las oportunidades de poder convertirse en sus propios jefes a miles de personas. La batalla no es por la seguridad, ni por los “puestos de trabajo”, como suelen decir los taxistas, sino por los privilegios que se derivan de un sistema enfrentado con la modernidad. Tampoco es contra Uber, sino contra los millones de consumidores que se beneficiarán de un servicio como este.

A Buenos Aires le esperan meses de enfrentamiento. Al igual que en otras ciudades, probablemente se registren hechos de violencia entre taxistas que amedrentan a conductores de Uber. Por un lado estarán aquellos que se empeñarán en defender un modelo fascista, por el otro aquellos a favor de la libertad de elegir. No será un camino fácil de transitar, pero Uber en todas las ciudades que opera contó con una ventaja adicional: los consumidores están de su lado y son los primeros en defender la libertad de elegir.

La segunda guerra fría está cerca y no será nada parecida a la primera

Artículo publicado originalmente en PanAm Post el 8 de julio de 2015.

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Los avances tecnológicos han puesto al planeta frente a una nueva “guerra fría”. Desde el futuro, estudiarán aquel conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, como una nota al pie en comparación con lo que se aproxima. Pero los protagonistas ya no serán Estados con una obsesión de ganar carreras espaciales, armamentistas o científicas. Ya no hay tiempo para eso: la tecnología ha dejado en evidencia a los Estados, convirtiéndolos cada vez más en apéndices obsoletos cuyas funciones vitales están en decadencia. Los indicios son claro.

En Estados Unidos no deja de caer la cantidad de cartas que se envían cada año, a través de Servicio de Correo Postal. Entre 2006 y 2012, el volumen de correos de los que “llevan estampilla (pagos de facturas, correspondencia personal, tarjetas), y otras cartas, se hundió 47%. Ya comienza a quedar obsoleto uno de los estandartes del Gobierno de un país que incluye la creación de un correo entre las facultades del Estado , dentro de la Constitución.

La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos autorizó a Amazon para que probara parcialmente los drones con los que planea entregar paquetes, a través de su programa Prime Air. Incluso dos australianos ya han diseñado redes para que los drones entreguen la carga.

En otros ámbitos, la rebelión también está en marcha. Es el caso de Uber, la aplicación móvil que permite conectar pasajeros con los conductores no profesionales registrados en su red. En Buenos Aires, a comienzos de año, los sindicatos de propietarios y choferes de taxis protestaron cuando se descubrió que la compañía estaba buscando personal en la capital de Argentina, a través de la red social LinkedIn.

Las protestas se repiten en México —donde el servicio funciona desde el 2014—. En Colombia, taxistas reaccionaron agresivamente, luego de que en marzo la compañía con sede en San Francisco ofreciera una promoción especial en un festival comercial, y los espectadores eligieran Uber. “Una app no sustituye al taxi, pero finalmente es un monopolio de taxis, y no les gusta que se los rompan. Pero es competencia saludable”, aseguró el director general de Uber en México, Rodrigo Arévalo.

Hay sitios web, como Airbnb, que permiten poner en alquiler temporario una casa, un cuarto o una cama en alguna ciudad del mundo —hay verdaderas joyas— sin intermediarios, y con un sistema de reputación que garantiza menores tasas de disconformidad.

Los Gobiernos ya saben que deben defender los intereses hoteleros, y lanzaron una serie de medidas que regulan el alquiler temporario. “No tenemos propiedades suficientes para los parisinos”, se quejó Ian Brossat, alcalde adjunto de París, una de las ciudades europeas que implementó recientemente regulaciones para limitar el alquiler temporario.

Fue justamente en Paris donde arrestaron el 30 de junio al director general de Uber para Francia, Thibaud Simphal, y al director de la compañía para Europa Occidental, Pierre-Dimitri Gore-Coty, por facilitar el servicio de taxis con conductores no profesionales. Para quienes les resulta difícil empatizar con las decenas de miles de personas encarceladas por delitos no violentos, relacionados con las drogas, quizás lo logren con el arresto, por una noche, de dos ejecutivos que son líderes en una compañía que busca brindar alternativas al monopolio legal del servicio de taxis.

La moneda digital bitcoin es una revolución en sí misma. Una moneda no gubernamental, descentralizada, convierte en obsoletos a los banco centrales que han sido cómplices desaqueos institucionalizados. Los bancos tradicionales también cambiarán radicalmente. Pero el aspecto más remarcable es la tecnología blockchain, la red que procesa las transacciones en la moneda digital. “Debería ser considerado un invento a la altura de la maquina de vapor o del motor a combustión”, señala un artículo de una publicación del banco francés BNP Paribas.

Ecuador ha sido uno de los pioneros en prohibir bitcoin, y lanzar su propia moneda digital que garantizaría al Estado, en el mediano plazo, un monopolio sobre los medios de pago, y ninguna privacidad para los individuos. Todos los gastos bajos estricta vigilancia estatal, que es lo opuesto al bitcoin.

El economista y precandidato a vicepresidente de uno de los principales frentes opositores sugirió, por Twitter, la posibilidad de implementar “un dinero más práctico por celular”. Aunque describe un método que, asegura, garantiza el anonimato, también dice que “combate la evasión“. La reacción de los defensores de bitcoin fue inmediata. Del bitcoin, dijo que es la “moneda más inestable del planeta”.

Finalmente, las impresiones 3D también enfrentan un desafío. Descentralizadora en su escencia, promete volver a transformar los procedimientos de fabricación vigentes hasta el momento. Los Gobiernos ya están preocupados por la impresión de armas y han comenzado a impulsar regulaciones para intentar limitarlas. Una situación que podría escalar rápidamente.

La tecnología del lado oscuro

Los Gobierno no son ajenos a los avances tecnológicos. Por supuesto, la poca capacidad de reacción, y una dinámica aletargada por los bajos de índices productividad que caracterizan a los trabajadores estatales, los ha privado de tomar la iniciativa en la guerra fría del siglo XXI. Sin embargo, en algunos casos, los avances tecnológicos han impactado negativamente sobre la población.

Los sistemas de información biométrica son uno de ellos. El fundador de Wikileaks, Julian Assange, dijo que Argentina “tiene el régimen de vigilancia más agresivo de la región”. El Informe sobre Políticas de Biometría en la Argentina, publicado este martes por la Asociación de Derechos Civiles, advierte sobre los diversos mecanismos de registros que amenazan la privacidad de los ciudadanos.

Las innovaciones tecnológicas facilitan la vigilancia fronteriza, la construcción de muros más eficientes y con vigilancia aérea, que frustran los sueños desesperados por un futuro mejor. El progreso tecnológico le permite, por ejemplo, al Gobierno venezolano implementar un sistema de votación de baja confiabilidad, similar al que estrenó la capital Argentina el pasado domingo, en las elecciones municipales. Un arma de doble filo.

Punto de no retorno

El embate de la economía 2.0 está en marcha. Los Gobiernos, y el corporativismo que impulsan, están amenazados por una expansión de las oportunidades de elegir, con la opción de evadir monopolios impuesto, con base en privilegios para grupos especiales. Las nuevas tecnologías le han dado una importante ventaja al bando descentralizador. Los privilegios se hacen insostenibles ante la presión de mayor competencia. Desde Khan Academy y Courserahasta Couchsurfing, ofrecen ángulos novedosos de modelos de negocios, que quedaron detenidos en el tiempo por la presión estatal.

Los tambores de guerra retumban. Aquella predicción borgeana parece que está cada vez más cerca de ser una realidad: “¿Qué sucedió con los Gobiernos? —pregunta Jorge Luis Borges— Según la tradición, fueron cayendo gradualmente en desuso”.